Sunday, June 26, 2005

FILOSOFÍA MODERNA
Y MEXICANIDAD

La introducción de la filosofía moderna en la Nueva España y la afirmación de la mexicanidad.




In Mexicayoyeliztli aic ixpolihuiz.
La mexicanidad no perecerá jamás.


INTRODUCCIÓN.
Los mexicas llegaron tarde al Anáhuac, “junto al agua” mas en poco tiempo se convirtieron en los amos y señores de la hermosa y feraz cuenca lacustre y en los dominadores de una vasta región que comprendía la mayor parte de lo que hoy llamamos Mesoamérica. Su filosofía fue la de un pueblo conquistador que impuso su propia visión místico-guerrera. La mexicanidad se estableció, una mexicanidad azteca, entendida como la naturaleza y nacionalidad del pueblo del Sol, el dueño del poder económico y militar.
Esa mexicanidad sufrió una increíble humillación al momento de la conquista conseguida por un puñado de extranjeros apoyados por la rebelión de las masas indígenas de otros pueblos, antes dominadas por el poder asentado en Mexicco-Tenochtitlan.
Pero quedó latente en el alma y la tradición de la mayor parte del pueblo náhuatl, subyaciendo e infiltrando a la cultura cristiana, europea, hispánica, de raíces grecolatinas, que se derramaba desde el poder virreinal sobre la sociedad novohispana. Ese sentimiento de mexicanidad que se conservaba en el México profundo permeó hacia las clases ilustradas que lo asimilaron tal vez inconscientemente, pero que lo convirtieron en una destacada parte de su personalidad y de la base del pensamiento emancipador de la metrópoli. La Nueva España era una parte del imperio español, pero no una colonia de la España peninsular. La Nueva España empezaba a ser México.
La generación y el desarrollo de esas ideas coincidieron con la aparición en Europa de las nuevas tendencias filosóficas, que designamos genéricamente con el nombre de “filosofía moderna”, que representaron una postura diferente, y en parte enfrentada, a la escolástica tradicional, una revolución del pensamiento, lo que estimulaba la toma de posiciones frente a la tradición en otros ámbitos. Aunque no de inmediato, ni de manera amplia y abierta, el pensamiento científico y filosófico de la modernidad fue siendo conocido de este lado del Atlántico, y funcionó como un catalizador del pensamiento de los sabios novohispanos, proporcionando nuevas bases a las ideas de reafirmación de la nacionalidad mexicana y de trato igualitario con otras partes del imperio.
En este trabajo intento describir de una manera muy somera el desarrollo del pensamiento filosófico en la Nueva España, desde sus antecedentes previos a la conquista hasta finales del siglo XVIII, estudiando la paulatina introducción de la filosofía moderna en lo que hoy es nuestro país y la reafirmación del sentimiento de mexicanidad en los intelectuales y la sociedad del virreinato.


ANTECEDENTES. LOS TLAMATINIME Y TLACAÉLEL. LA UNIDAD CULTURAL DEL PENSAMIENTO NÁHUATL. LA MEXICANIDAD MEXICA.
In quexquichcauh maniz cemanahuatl,
ayc pollihuiz yn itenyo yn itauhcain Mexicco-Tenochtitlan.
En tanto que permanezca el mundo,
no acabará la fama y la gloria de México-Tenochtitlán.
Chimalpain.

La filosofía de los antiguos mexicanos, de los pueblos de cultura náhuatl que se asentaron en el Anáhuac y en la región aledaña, se había desarrollado en varias líneas, siendo la existencia, la vida y la muerte una fundamental, y la filosofía moral otra muy destacada. Ambas se apoyaban en un concepto genérico de hombre, enfrentado a la tarea de existir y realizarse; la brevedad de la vida, los valores, las obligaciones, la verdad de la existencia, la verdad del mundo:
¿Cuix ac nelli nemohua oa in tlalticpac? Ihui... Ohuaye... ¡an nochipa tlalticpac, zan achica ye nican! ¿Es que acaso se vive de verdad en la tierra? ¡Ay! ¡No por siempre en la tierra, sólo breve tiempo aquí! (Nezahualcóyotl).[1]
Moquetzalizquixochintzetzeloa in icniuhyotl. La amistad es lluvia de flores preciosas. (Ayocuan Cuetzapaltzin).[2]
Yhuan xicmotlazotili, xicmolnelilmachiti, xiquixtili, xiquimacaci, xicmauhcaitta, xictlacamati, xicchihuili, in tleyn quinequi in iyollo inantli, itatli... Y ama, agradece, respeta, teme, ve con temor, obedece, haz lo que quiere el corazón de la madre, del padre... (Exhortación con que el padre así habla, así instruye a su hijo para que bien, rectamente viva).[3]
¿Cuix oc nelli in tlaca? ye yuh, ca aya oc nelli tocuic. A ohuaya ohuaya. ¿Tle nozo ica? Aya. ¿Tle hual quioza in in oncan tinemi? ¿Es que en verdad son los hombres reales? ¿Hay algo acaso que en pie perdure? ¿Hay algo acaso que logre éxito? (Cuauhtencoztli).[4]
Desgraciadamente, los pueblos aborígenes del continente americano no desarrollaron una escritura fonética. Tristemente, la voluntad de poder de algunos políticos indígenas hizo desaparecer muchos códices que se oponían a su filosofía política, tildándolos de mentirosos y engañosos.[5] Lamentablemente, otros muchos códices perecieron también ante la intolerancia religiosa de la conquista, y los intentos de preservar textos en alfabeto latino, como el de Fr. Bernardino de Sahagún, no abundaron. Infortunadamente, sólo una pequeña fracción de los manuscritos en náhuatl conservados en el Archivo de Indias (muchos miles, según el padre Garibay) ha sido investigado, paleografiado y traducido. Pero para muestra basta un botón. Las expresiones poéticas como las aquí transcritas muestran sin lugar a dudas la existencia de un pensamiento filosófico generalizado en las clases cultas de toda la región náhuatl, desde Tezcoco y el Anáhuac hasta Tlaxcala, al otro lado de los volcanes, con centros de intelectualidad intermedios, en Chalco-Amaquemecan y en Huexotzinco. Si bien no tenemos textos filosóficos que se hayan conservado, al menos vemos sus efectos en los trozos poéticos y las pláticas “de los ancianos” recordados de memoria por los sabios, los tlamatinime (“In tlamatini, el sabio, una luz, una tea, una gruesa tea que no ahuma [...] conoce lo que está sobre nosotros y la región de los muertos...”[6]) y por sus discípulos, los tlamachtinime y trasladados al castellano gracias a la capacidad indígena de aprender este idioma y a la agudeza de algunos frailes que aprendieron bien la lengua náhuatl, que comprendieron la enorme riqueza de las antiguas culturas mexicanas y que se esforzaron en rescatar lo que fuera posible y conservarlo para siempre. Por diversas razones, Sahagún, Torquemada, Olmos, Benavente, Las Casas y otros nos dejaron buena cantidad de material sobre el mundo indígena que en gran parte desaparecía con la conquista.
Todo ese material nos muestra que, si no podemos hablar de un sentido de mexicanidad en general, dada la diversidad política debida a la indudable existencia de las diferentes naciones indígenas, sin duda podemos ver un claro sentimiento de unidad cultural, de una especie de nahuatlidad, si se me permite la expresión, reflejada en esa amplia extensión de las concepciones del mundo, del hombre[7], de su papel en el mundo y de sus obligaciones éticas que serían las bases de la filosofía de los sabios indígenas.
En un cierto momento apareció el dominio azteca sobre los otros pueblos nahuas, pudiendo empezar un proceso de “mexicanización” del mundo náhuatl, de gran amplitud, que, interrumpido tempranamente por la conquista, no pudo desarrollarse. Vino con el dominio azteca la clase gobernante a imponer su propia filosofía, la filosofía del poder. La figura más importante, la figura señera de esta etapa fue Tlacaélel. Siendo el poder tras el trono de varios tlatoanime, este personaje desarrolló toda una ideología que dio sustento al sistema, al dominio ejercido desde Mexicco-Tenochtitlan sobre los otros pueblos. Su poder se acrecentó quemando códices antiguos, inventando las guerras floridas, dando nuevo impulso a los sacrificios humanos, aliándose con la casta sacerdotal y sustentando en creencias religiosas la idea de que el pueblo azteca era el destinado a conservar el mundo. Ese “destino manifiesto” hizo furor entre los mexicas y los convirtió en fanáticos de la mexicayoyeliztli, de una mexicanidad que debemos calificar de mexicanidad mexica, pues eso era. La conciencia del pueblo azteca de ser el pueblo del Sol (Alfonso Caso). Una temprana conciencia de unidad nacional.
Sobre los conceptos de la antigua doctrina[8] se superpuso la nueva filosofía del dominio militar:
In tomiuh ica yan tochimal ica mani atlonyantepetl. ¡Con nuestros dardos, con nuestros escudos está existiendo la ciudad![9] On tlacochicuiliuhyan ohuaya chimalicuiliuhyan in Tenochtitlan. Donde se pintan dardos, donde se pintan escudos, allí es Tenochtitlan.[10]
La mexicanidad de los aztecas, como sentido de unidad nacional, fue gravemente humillada a causa de la derrota frente a los españoles y sus aliados indígenas, como dijimos antes, pero se preservó aun en la tragedia y en la adversidad, como puede observarse en algunos de los textos indígenas de la conquista, traducidos por Ángel Ma. Garibay, recopilados por León-Portilla y publicados por la Universidad,[11] aunque en esos mismos textos se puede apreciar la existencia, ya comentada, de diferentes nacionalismos, pues se ve cómo se regocijan los miembros de otros grupos indígenas (los tlaxcaltecas, los huexotzincas, los chalcas) al constatar la desgracia del azteca. La conciencia de unidad cultural se había desvanecido frente al sentimiento de rencor contra la nación mexica, cuyo poder se había desarrollado a costa de los demás, y que había impuesto su dominio sobre ellos.
Sin embargo, el mayor sentimiento nacional de entre esos pueblos, esa mexicanidad mexica, no desapareció. Quedó como un substrato de la sociedad novohispana, en la que no era de ninguna manera despreciable la influencia de personajes de alcurnia como D. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl[12] y D. Hernando Alvarado Tezozómoc[13],[14], de otros autores que hoy nos son desconocidos pero que produjeron documentos importantes[15] y de D. Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin[16] quienes mantuvieron viva la llama de la mexicanidad mexica ampliada a la historia y geografía de los pueblos de origen náhuatl, lo que a mi juicio condujo a extender el concepto de nación mexicana, de la mexicayotl, al conjunto de los pueblos de origen náhuatl que ocuparon todo el centro del actual México, y así fue un soporte y un factor de impulso a la concepción de la mexicanidad que se fue gestando en la sociedad criolla y mestiza de los siguientes siglos.
Curiosamente, hubo un factor más en ese proceso, éste proveniente del nuevo poder, del poder de la corona española. Pero a él nos referiremos más adelante.
[1] Ms. Cantares mexicanos, fol. 17 r., paleografía y versión de Ángel Ma. Garibay, en Poesía náhuatl, Tomo II, México, UNAM, 2ª. Edición, 1993. Todas las citas de los Cantares mexicanos, excepto la siguiente, se refieren a esta publicación.
[2] Ms. Cantares mexicanos, fol. 10 r., en Miguel León-Portilla, Trece poetas del mundo azteca, México, UNAM, 1967.
[3] Huehuetlatolli – testimonios de la antigua palabra.. Paleografía y versión de Librado Silva Galeana, México, FCE, 1991.
[4] Ms. Cantares mexicanos, fol. 10 v. (Ver nota 1).
[5] Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, México, UNAM, 4ª edición, 1974, p. 251.
[6] Informantes de Sahagún, Códice Matritense de la Real Academia, versión de Miguel León-Portilla, citado en Los antiguos mexicanos, México, FCE, 1975.
[7] Mercedes de la Garza, El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya, México, UNAM, 1978.
[8] Cfr .Miguel León Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, México, FCE, capítulo IV.
[9] Ms. Cantares mexicanos, fol. 20 v., (ver nota 1).
[10] Id., fol. 18 r.
[11] Visión de los vencidos – Relaciones indígenas de la conquista, UNAM, Biblioteca del Estudiante Universitario No. 81, México, 1969.
[12] Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Historia de la nación chichimeca, en Obras históricas, tomo II, 3ª. Edición, México, UNAM, 1977.
[13] Hernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicáyotl, México, UNAM, 1949, traducción directa del náhuatl de Adrián León.
[14] Crónica mexicana, prólogo y selección de Mario Mariscal, México, UNAM, 1943.
[15] Como los llamados Anales de Cuauhtitlán y Leyenda de los soles, agrupados como Códice Chimalpopoca y traducidos por Primo Feliciano Velásquez, México, UNAM, 1945.
[16] Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, Relaciones originales de Chalco Amaquemecan, México, FCE, 1965.